Lunes 7 de octubre 2024

De vuelta del trabajo, el autobús se convierte en un refugio móvil, una de esas formas sencillas de desplazarse por la ciudad, siempre y cuando no vayan llenos, lo que ya es un lujo escaso. Las primeras horas de la mañana, aún cuando la oscuridad apenas empieza a disiparse, son distintas. A las cinco, cuando la ciudad sigue a medio abrir los ojos, es cuando prefiero caminar. Cinco kilómetros desde casa. Hay algo en ese trayecto que no solo es ejercicio, sino una forma de acomodarse al día, de anticipar lo que vendrá. Esos momentos de soledad y silencio, antes de que el bullicio te envuelva, son una tregua. Camino y pienso en lo que fotografiaré, en lo que la luz del día me traerá.

Como jugar con reflejos sin espejos

El autobús, sin embargo, tiene sus propias ventajas. Desde el asiento, la calle parece otra, vista desde una distancia precisa, lo suficientemente cerca como para atraparla, lo suficientemente lejos como para no ser visto. En esa discreción se desliza la cámara. Es una forma de hacer fotografía de calle que confía tanto en el azar como en la espera. A veces, es cuestión de suerte: que el semáforo se ponga en rojo justo a tiempo, que las piezas encajen en ese momento fugaz en que todo parece alinearse, como ocurrió aquel día. No es un reflejo lo que la cámara capturó, aunque lo parezca a primera vista. Son dos gemelos, sincronizados de una manera que desafía toda lógica, replicando el mismo gesto en el mismo instante, una perfecta coreografía involuntaria.

Es en momentos así cuando uno piensa en todas esas teorías que intentan darle sentido al caos: el Efecto Mariposa de la Teoría del Caos, la Serendipia, el Destino, la Sincronicidad de Jung. Pero hay algo que falla en todas ellas. Primero, que dependen de que las partes involucradas se den cuenta de lo que ocurre, y eso rara vez sucede. Segundo, que estas coincidencias no les suceden a muchos, o al menos no de la forma en que nos gustaría. Y tercero, no creo que haya un plan divino moviendo los hilos. Todo parece más una combinación de causalidades y casualidades, donde a veces, si uno tiene suerte, algo positivo emerge, aunque no siempre es así.

Pero esa vez sí lo fue, al menos para esta foto. Me basta con eso.

Y sin embargo, la imagen sigue jugando con la mente. Podrías pensar de nuevo que es un reflejo, pero algo en el encuadre no cuadra, una pequeña disonancia. Al final, en la última toma, se revela la verdad y el engaño queda al descubierto. Son dos, no uno, pero lo que importa es esa frágil línea entre lo que vemos y lo que creemos ver.

texto: Manuel Serrano Martínez + IA

foto: Manuel Serrano Martínez

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