Martes 8 de octubre, 2024

Comencé ayer este diario con el entusiasmo intacto, creyendo que cada día traería consigo las imágenes luminosas y reveladoras del anterior, pero pronto comprendí que la realidad rara vez se pliega a nuestras expectativas. No todos los días son iguales, y la constancia, a pesar de que uno la invoque como un hábito necesario, no siempre está a nuestro alcance. Quizá no tenga que escribir ni fotografiar a diario, pero la voluntad es intentarlo, hacer el esfuerzo de fijar esos momentos, por pequeños o insignificantes que parezcan.

Tras haber logrado perder veinte kilos en los últimos años, logro del que me siento a la vez orgulloso y consciente de que no es el cambio definitivo que anhelo, este diario se presenta como otra herramienta, un apoyo silencioso para enfrentar otras áreas de mi vida que me gustaría transformar. Porque hay algo ineludible en el hecho de exponerse, una suerte de obligación tácita que te impone cumplir con lo que has declarado, como si cada palabra escrita fuese un compromiso ante el espejo.

Hoy me he detenido en un detalle, en la apariencia de alguien, a quien fotografié. No fue un gesto consciente, más bien una intuición súbita la que me empujó a captar esa imagen, como si en la fugacidad del encuentro hubiera algo que me pertenecía o que me devolvía a otro tiempo, a otra versión de mí mismo.

Porque uno no se abandona de golpe; es un proceso lento, casi imperceptible. Así como también lo es volver a reconocerse, mirarse al espejo y empezar a hacer las paces con la imagen que te devuelve, tras tantas batallas silenciosas. Ahora, después de tanto esfuerzo, comienzo a aceptarme, a reconocer a esa figura como mía, pero hay algo que no puedo evitar pensar: tal vez debí haber aprendido a aceptarme mucho antes, independientemente de cómo me viera entonces, como si esa reconciliación no dependiera tanto de lo que soy físicamente, sino de una mirada más profunda, menos severa.

La bicicleta ha sido otra de esas pequeñas aliadas que, de manera discreta pero firme, me han impulsado hacia el cambio. Aunque el tráfico se presenta a menudo como un obstáculo implacable, siempre hay maneras de sortearlo, de encontrar rutas alternativas que te permitan escapar del bullicio de la ciudad. Pedalear es una forma de distanciarse, no solo del caos urbano, sino también de esa inercia que tantas veces te atrapa. Salir más allá del asfalto, buscar la serenidad en los caminos menos transitados, se ha convertido en un ritual, en una vía de escape tanto física como mental, una manera de avanzar, de respirar de nuevo.

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Una respuesta a «Martes 8 de octubre, 2024»

  1. Avatar de Isa
    Isa

    me encantan las buenas fotos y los buenos comentarios de que van acompañadas

    ya sabes que digo lo que pienso y me está gustando esta nueva adicción tuya fotos + comentarios

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